Madrid cuenta con una potente base científica, empresas, startups, centros tecnológicos, aceleradoras y un amplio tejido de pymes. El reto ya no es únicamente generar conocimiento, sino conseguir que ese conocimiento se convierta en productos, servicios y proyectos capaces de llegar al mercado.
Esa fue una de las principales ideas que atravesaron el Innoday de Innovación Agroalimentaria y FoodTech, celebrado el 1 de octubre en la ETSIAAB de la Universidad Politécnica de Madrid. Durante la jornada se habló de transferencia tecnológica, colaboración público-privada, validación de soluciones, acceso a financiación y del papel de clústeres, hubs y aceleradoras para conectar mejor a los distintos actores del ecosistema.
El Clúster de Agroalimentación de la Comunidad de Madrid participó activamente a través de Rodrigo González Lera, director ejecutivo, y Román Muñoz, director general.
El ecosistema agroalimentario madrileño
Rodrigo González Lera abrió la participación del Clúster con una radiografía del ecosistema regional. Su intervención mostró el peso de una cadena agroalimentaria que supera los 20.000 millones de euros de VAB, pero también una realidad especialmente relevante para la innovación: buena parte del tejido está formado por pequeñas y medianas empresas.
Madrid concentra industria, distribución, restauración, centros de investigación, universidades y emprendimiento. El papel de Madrifood, explicó Rodrigo, pasa precisamente por escuchar las necesidades del sector, conectar capacidades y activar proyectos.
La intervención concluyó con una invitación a los asistentes a participar en las iniciativas actualmente en marcha y a utilizar el Clúster como espacio de encuentro entre conocimiento y empresa.
Mesa: Del conocimiento al mercado. Ciencia, tecnología y transferencia en alimentación
La mesa reunió a representantes de IMDEA Alimentación, UAM, IMIDRA y EIT Food y puso sobre la mesa una de las principales asignaturas pendientes del ecosistema: Madrid genera conocimiento y tecnología, pero todavía existen dificultades para completar el recorrido hasta el mercado.
Falta de recursos, burocracia, diferentes ritmos entre investigadores y empresas y cierta aversión al riesgo aparecieron entre las principales barreras. Frente a ellas, los participantes señalaron la necesidad de reforzar la colaboración público-privada y crear mejores conexiones entre ciencia y tejido empresarial.
La posterior intervención de Gregorio Muñoz, de IMIDRA, permitió trasladar ese debate a ejemplos concretos. Laboratorios, fincas experimentales, recursos genéticos, ensayos y proyectos colaborativos muestran cómo la investigación puede ponerse al servicio de necesidades reales de las empresas.
Mesa: Cómo acelerar la innovación agroalimentaria desde instituciones, corporates, hubs y clústeres
Román Muñoz moderó esta mesa junto a representantes de Pascual Innoventures, Eatable Adventures, EIT Food y CNTA.
La conversación giró alrededor de una idea central: innovar exige confianza entre los distintos actores del ecosistema. También se habló del descenso de la inversión en agrifoodtech desde 2021, de la necesidad de generar espacios donde las tecnologías puedan validarse en condiciones reales y del reto que supone trasladar la innovación a las pymes.
Una de las conclusiones más claras fue que no basta con desarrollar soluciones. Hay que partir de problemas reales, definir qué resultados se esperan y comprobar que la innovación genera impacto en el negocio.
En este contexto, clústeres, centros tecnológicos, hubs y aceleradoras adquieren especial importancia como estructuras capaces de acompañar a empresas que no disponen internamente de todos los recursos necesarios para innovar.
Mesa: Startups y emprendimiento agroalimentario
La última mesa llevó el debate al terreno de las startups.
Moderada por Fernando Muñoz, de CINK Venturing, reunió a representantes de FoodSomes, Gambooza, ISIFARMER y Plateo.
La conversación mostró que conseguir financiación sigue siendo fundamental, pero no suficiente. Una startup necesita también clientes con los que validar, primeras referencias, conexiones y espacios donde comprobar que su tecnología funciona fuera del laboratorio o de una presentación comercial.
Los proyectos presentes mostraron aplicaciones muy diferentes, desde biotecnología y agricultura vertical hasta inteligencia artificial aplicada a restauración y herramientas digitales para hostelería.
La idea común fue sencilla: la tecnología debe resolver problemas reales y generar valor, no incorporarse simplemente porque exista.
Conclusiones
La jornada dejó una visión optimista, pero también exigente. Madrid dispone de muchas de las piezas necesarias para construir un ecosistema agroalimentario innovador. El siguiente paso consiste en conseguir que universidades, centros tecnológicos, empresas, startups, corporaciones y administraciones trabajen cada vez de manera más conectada.
La innovación no termina cuando nace una tecnología. Termina cuando esa tecnología encuentra una necesidad, puede validarse, consigue recursos y genera impacto real.
Ahí se sitúa también el papel del Clúster de Agroalimentación de la Comunidad de Madrid, como espacio capaz de acercar conocimiento y empresa, detectar oportunidades y convertir conexiones en proyectos.
Desde el Clúster agradecemos a la Fundación para el Conocimiento madri+d, la Comunidad de Madrid y la Universidad Politécnica de Madrid, especialmente a la ETSIAAB, la organización y acogida de la jornada.